La Dimensión Z

Me gustan las pelis de terror y te voy a matar

por el 04 Jun 2013, en la sección Interferencias, Películas Z

**** 6votes
Aftershock (2013)

Corred, que vuelve Eli Roth

Hace apenas unos días, decidí ver una película recién estrenada en USA llamada Aftershock (2013). Es de origen chileno, escrita y dirigida por un tal Nicolás López (que visto lo visto, bien puede abandonar la industria y dedicarse a poner copas en algún complejo hotelero de la zona).

A priori resulta atractiva: tres amigos de turismo (sexual, sobre todo) por Chile conocen a tres chicas y deciden ir a un exclusivo club en la zona de Valparaíso. Allí son testigos directos de un devastador terremoto y deben luchar por su supervivencia, no sólo a merced de la Naturaleza, sino también de la naturaleza humana capaz de los peores horrores en situaciones límite.

Lo que podría ser una película de catástrofes (género que me encanta, especialmente en la prolífica década de los 70) degenera en un desagradable espectáculo de survival horror. La hora restante de película es una sucesión de amputaciones, accidentes, violaciones, ejecuciones y otras lindezas que mejor olvidar. Los creadores de esta bazofia, risible en la mayoría de sus escenas impactantes, creen que es necesario mostrarnos, entre réplica y réplica del terremoto, cadaveres de bebés, niños muertos en accidente de coche, una violación múltiple, aplastamientos varios, hachazos, personas quemándose vivas… ¿para qué?. Si al final casi todos van a morir, ¿qué sentido tiene?. Al igual que pasa con la, ofensivamente simple, saga Destino Final (2000-2011), no te identificas ni sufres por los personajes sabiendo que van a caer irremediablemente.

Por supuesto, si quitas la casquería, resulta evidente que los responsables no tienen ni idea de llevar la trama con un mínimo suspense. Giros idiotas como que un bombero que se pasa media película ayudando a los protagonistas, al final resulte ser un preso fugado disfrazado, o el absurdo final, hunden esta bobada en la más absoluta miseria. Hubiera sido mucho más inteligente dedicar tiempo a desarrollar personajes o situaciones de supervivencia que ver cómo le aplasta la cabeza un coche a una señora por salir de una alcantarilla sin mirar (no, no hay Momentos Z porque no justifico el gore por el gore).

No sorprende, por tanto, que coescribiendo el guión, produciendo y actuando, esté Eli Roth, conocido por su papel de Oso Judío en Malditos bastardos (2009), pero sobre todo por dirigir y escribir asquerosidades como Cabin Fever (2002) o las dos primeras partes de Hostel (2005-2007). Cabin Fever es mala hasta el aburrimiento, pero por lo menos no es como Hostel (que no tengo previsto ver en esta vida ni en la próxima), cuya premisa se reduce a ver cómo torturan y descuartizan a personas inocentes para disfrute de enfermos mentales y potenciales psicópatas que (esperemos) subliman sus intintos asesinos frente a una pantalla. Lástima que la carrera cinematográfica de Eli Roth no termine como su personaje en Aftershock, entre llamas y espasmos.

Lo que me llama la atención es que, entre el vapuleo de críticas negativas o tibias en la IMDB, muchos hacen hincapié en que “prometía ser gore y no lo es” (sic). Mi reflexión: ¿es necesario convertir el terror en sufrimiento?. Pienso que la violencia cinematográfica tiene que tener cierto distanciamiento con la realidad. Pensemos en las películas de Tarantino (que a veces también cruza esa linea entre el humor de trazo grueso y el sadismo y mal gusto), o en las primeras de Peter Jackson, donde a pesar del gore no pasaban de ser inofensivas gamberradas para ver si la siguiente escena podía ser más asquerosa que la anterior, o Sin City (2005) o 300 (2006), donde la violencia se presenta de una forma tan estilizada que incluso la composición de algunas escenas hacen de la sangre y los cuerpos recursos artísticos. En mi opinión, así debería ser la aproximación a la violencia en el cine.

Pero recientemente hemos vuelto a un tipo de cine de terror que mira hacia los años 70, donde el desencanto de la era Vietnam y Watergate nos trajo películas como La matanza de Texas(1974) o La última casa a la izquierda(1972). Se busca el impacto inmediato, el exceso, mostrar mucho más de lo acostumbrado en términos de violencia, pero donde estos clásicos del terror terminaban con una mínima esperanza, algún superviviente y algún tipo de justicia sobre los asesinos, el terror moderno prefiere mostrar el Mal triunfante y cepillarse sin problema a todos los personajes de la manera más truculenta posible. Pondría alguna referencia, pero no quiero ayudar a difundir lamentables subproductos destinados a hacer del mundo un lugar más siniestro de lo que ya es. Y no hace falta limitarse al género del terror o a directores desconocidos: pedantes infumables como Michael Haneke ya nos mostraban violencia injustificable en películas como Funny games (1997 la original, 2007 su remake).

Soy un fan absoluto de Jason Voorhees, Freddy Krueger y Ash. Cada 2 años, más o menos, repaso sus respectivos Viernes 13 (1980-2009), Pesadilla en Elm Street (1984-2010) y Posesión infernal (1981-1993) disfrutando como un enano. Pero veo su violencia y sus muertes como algo irreal, puro cine palomitero que no se recrea en mostrar torturas, gritos y largas ejecuciones. ¿Estoy mal de la cabeza, doctor?.


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